La física nuclear y el cambio de conciencia

Observando lo que nos rodea una y otra vez, los científicos nos hemos dado cuenta de que las cosas poseen la capacidad de producir cambios tanto en ellas mismas como en el entorno. A esta capacidad la llamamos “energía”. Por ejemplo, nuestro cuerpo puede generar calor (energía térmica), moverse (energía cinética) o mantener una conversación (energía acústica). Sabemos que cualquier cosa que alcancemos a ver, cualquiera (desde un lápiz hasta nuestra suegra), produce energía y está compuesto por un conjunto de electrones, protones y neutrones que conocemos como “átomo”. Normalmente los protones y los neutrones se mantienen unidos por un “hilo” invisible formando el núcleo, y entorno a ellos giran los electrones como diminutos planetas alrededor del sol. Lo que diferencia a las cosas no es, ni más ni menos, que el número de protones y electrones que encontramos en el interior de sus átomos.

Ahora bien, existen una serie de aspecto más que interesantes. Existe una energía (un hilo invisible) que hace que los electrones y los neutrones se mantengan unidos, a la que los científicos hemos llamado: energía nuclear. De momento, que sepamos, los átomos pueden hacer dos cosas: fusionarse para formar un átomo más grande o dividirse para formar átomos más pequeños. Si un átomo comienza a dividirse y dividirse, diríamos que ha entrado en un proceso de reacción en cadena. Lo que ocurre es que existe un punto donde la reacción en cadena se hace auto sostenible: la masa crítica.

Imaginemos una clase de ESO con treinta alumnos aplicados y atentos a las aplicaciones de una profesora. Hablar de masa crítica en este contexto sería preguntarnos cuántos niños tienen que empezar a enredar, desmadrarse, para que la clase deje de ser una clase y se convierta en un patio de recreo. Cada niño desmadrado que contagia a un compañero es análogo a un núcleo atómico que se divide. Aunque es cierto que cuando un niño en particular comienza a alborotar la profesora puede continuar dando clase. Ahora bien, si comienzan a sumarse al enredo más jóvenes (a dividir átomos), llega un momento en que todos los niños se desmadran y la profesora pierde el control de la clase y no puede proseguir la explicación. La masa crítica representa en número de estudiantes necesarios para que la clase se convierta en un patio de recreo.

El mismo comportamiento que siguen las partículas en la física nuclear ha sido observado por sociólogos en un contexto social. La masa crítica, aplicada a las sociedades y a los individuos, hace referencia al número de personas necesarias para que la realidad del grupo se transforme. Esto quiere decir que, para que una sociedad o comunidad experimente una transformación, no es necesario que lo hagan cada persona que compone el grupo de forma aislada, sino que basta con que una pequeña parte experimente el cambio para que se produzca un efecto dominó, una reacción en cadena, que alcance a toda la población.

La hipótesis de investigación

Tomamos esta teoría y planteamos realizar un experimento multitudinario basándonos en la física nuclear y en la sociodinámica: el Árbol del Compromiso. Cogimos una ciudad (Lima), un tema (el bien común) y calculamos cuánta gente debía movilizarse al unísono para que se prendiera la mecha de una reacción en cadena que promoviese un cambio social por todo el país.  Lo datos estimaron que necesitábamos el compromiso de 305.000 personas con el bien común para generar una transformación social.

La hipótesis de investigación era comprobar si 305.000 personas comprometidas por el bien común eran suficientes para que el índice los índices de violencia, conducta delictiva o denuncias registradas tras este periodo disminuyan.

El Árbol del Compromiso

Del trabajo conjunto entre el Centro de Desarrollo Interior (CEDIN) y el Instituto de Investigación de Medicina de Síntesis (IIMEDS) al cual pertenezco surgieron dos proyectos que caminaron de la mano: el Árbol del compromiso y “Ausentes”.

 El árbol del compromiso
 El Árbol del Compromiso es una escultura en origami realiza por el maestro y amigo de Vallecas Luis Matías. Es una réplica del árbol de la quina desnudo (sin hojas) que se encuentra en la bandera peruana. El equipo, capitaneado por Michele Lettersten y Luis Callegari, pensó en la posibilidad de que las hojas del Árbol del Compromiso fueran realizadas por los  internos e internas de la cárcel de Ancón II en Lima. Ellos fueron los primeros comprometidos por su país, realizando con sus propias manos 305 mil hojas de papel.

Todo estaba dispuesto: por cada compromiso, por cada persona comprometida por el bien común, éste árbol se vestiría con una hoja hasta alcanzar las 305.000 necesarias para la transformación del país. El experimento se expuso en la 38 Feria del Hogar celebrada en Lima en 2014, y continúa vigente a día de hoy. Puedes comprometerte en: www.elarboldelcompromiso.com

Ausentes

“Ausentes” es el título del cortometraje de animación donde la física nuclear del bien común se encuentran. Explicado con un lenguaje divulgativo y cercano, el argumento nos lleva a analizar nuestras ciudades y nuestra forma de ver el mundo, encontrando ciudades repletas de ciudadanos ausentes, de vidas esperando ser vividas, de largas jornadas de trabajo y, en algunos casos, de sin sentidos.  ¿Pueden 305.000 personas comprometidas por el bien común transformar una sociedad?

Ver “Ausentes”

 

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