Estaba pasando unos días en casa de mis padres y la televisión estaba, como de costumbre, encendida. Dentro de la caja tonta un grupo de personas se gritaban (algo insólito e inexplicable en televisión) así que miré a mi alrededor y, como no había nadie, tomé el mando a distancia decidido a poner fin a aquel disparate. Entonces ocurrió algo que hizo que mis pelos no sólo se pusieran de punta sino que salieran disparados de mis capilares, fueran a dar una vuelta por el cuerpo para iniciar un escalofrío, y luego regresaran tan panchos a formar filas. Un experimento espeluznante que trataba de congelar el momento exacto en el que dos personas se enamoran estaba siendo emitido en directo por televisión bajo un nombre en clave: Mujeres y hombres y viceversa. Aquello olía a gesta.

Así fue como decidí que este artículo hablaría de ciencia y amor romántico, al mismo tiempo que trataría de responder las cuatro preguntas que haría mi sobrino. A veces no hay más remedio que entrar en terreno pantanoso, cruzar el campo de batalla, estar al límite del fuera de juego o tener sexo en casa de los suegros, y para ello necesitas toneladas valor (no del chocolate mentes navideñas).

La química de “Mujeres y hombres y viceversa”

Aunque juraría que mi profesora de literatura del instituto escribiría “Mujeres, hombres y viceversa” (tema que dejaremos de la lado), este programa telecinquino ofrecía un tinglado del mismo calibre que el que encontraos en los experimentos científicos. Los participantes en el “estudio” (2 hombres y 2 mujeres de entre 19 y 30 años de edad) reciben pretendientes que acuden en busca del amor. El plató se convierte así en un laboratorio donde los encuentros se producen de lunes a viernes durante 75 minutos y el resto del tiempo continúan con sus vidas sin poder tener contacto alguno fuera del laboratorio. Cualquiera que no siga a rajatabla estas condiciones sería expulsado del experimento (y del programa). Continuando con la analogía, aquellas personas que ven pasar de largo las flechas de Cupido y no encuentran el amor romántico se convertirían en los sujetos de control.

Buscando precedentes en a literatura científica me encontré con dos investigadores de la universidad de Pisa en Roma que llevaron a cabo su “Mujeres, hombres y viceversa” particular, estudiando durante 6 meses a 48 parejas que han encontrado el amor. Un organismo enamorado cambia su bioquímica con la ayuda de cuatro hormonas (palomas mensajeras) que inducen cambios a nivel fisiológico: serotonina, dopamina, cortisol y testosterona.

La serotonina, hormona de la felicidad, esta relacionada con la calma y el bienestar lo que hace que el amor se equipare a veces con una “droga”. Al mismo tiempo la dopamina controla el centro del placer y regula nuestro comportamiento, la motivación y, por tanto, el deseo de repetir una conducta (es prima hermana de la serotonina). Por otro lado el cortisol se encarga de regular el estrés, mientras que la testosterona administra la energía física y mental, la generosidad, o promueve la protección de los futuros hijos y la sexualidad. Sumando los efectos de cada hormona se construiría la sensación de enamoramiento.

   

El cerebro enamorado

Puede que os hayáis dado cuenta de las estupideces que hacemos los seres humanos o de lo complicado que resulta hacer “entrar en razón” a alguien cuando está enamorado. Pues bien, este comportamiento tiene una base neurología. El titular sería: “Un cerebro enamorado desconecta la corteza prefrontal”. Éste área (que cubrirías con la palma de la mano si la pusieras sobre la frente) se asocia normalmente al razonamiento y permite que nos anticipemos a las cosas. Una corteza prefrontal enamorada se vuelve un ni-ni, un adolescente perdido que no teme a las consecuencias y presenta un Trastorno Obsesivo Compulsivo hacia su amado. Así que madres, padres, amigos o amigas de todo el mundo, no traten de hacer entrar en razón a ninguna corteza prefrontal enamorada porque están perdiendo el tiempo; su cerebro ha desconectado el razonamiento. Es mucho más fácil morderse el codo que razonar con un cerebro enamorado.

4 preguntas difíciles acerca del amor romántico

Después de que probablemente hayan intentado morderse el codo, me gustaría subrayar que hasta ahora nos hemos encargado de las cuestiones “fáciles” (aquellas que la ciencia formula y podemos medir en un experimento con un reactivo o haciendo uso de un dispositivo de neuroimagen). Ahora es el turno de las preguntas difícileslas que haría mi sobrino de once años acerca del amor romántico. 

Para estar realmente preparados para responder a las preguntas difíciles, tan sólo nos falta saber que el amor romántico presenta 3 etapas diferenciadas donde en cada una de ellas tanto las hormonas implicadas como la actividad cerebral son diferentes. La fórmula del amor romántico sería algo así: 

AMOR  = ENAMORAMIENTO + AMOR PASIONAL + CONSOLIDACIÓN/DISOLUCIÓN

4. ¿Cuánto dura el enamoramiento?

La función principal del enamoramiento es procrear y aprender. Esta primera etapa del amor romántico sería la que experimentaríamos en nuestro paso por Mujeres, hombres y viceversa (ni imaginármelo quiero) donde una serie de cambios bioquímicos capitaneados por la serotonina, dopamina, el cortisol y la testosterona, y neurológicos (desconexión de la corteza prefrontal) nos llevan a la pasión, al desenfreno, a la búsqueda de intimidad y al compromiso. Estudios longitudinales (que durante años dan seguimiento de los participantes) avisan que los cambios bioquímicos del enamoramiento desaparecen sin dejar rastro transcurridos entre uno y dos años.

3. ¿Qué ocurre cuando se acaba el enamoramiento?

Una vez superada la etapa de enamoramiento la configuración neuroquímica de organismo cambia significativamente. Las estrellas de la película pasan a ser la oxitocina y la vasopresina quienes reducen el estrés y aportan la confianza necesaria para consolidar la relación. Nos encontramos en la etapa de amor pasional donde el objetivo es la estabilidad, el equilibrio y la seguridad. Desde un punto de vista neurológico vamos recuperando paulatinamente la conexión con nuestra querida corteza prefrontal y, con ella, el razonamiento.

Que quede claro que “desenamorarse“ no implica pérdida alguna de pasión sexual o romántica. La relación se asienta y el aprendizaje se dispara; se cruzan los límites de la intimidad y se afianza el compromiso (esto se ve genial en el modelo de Sternberg, que pena que las imágenes tengan copyright). Aquí es cuando decimos “tengo una relación”. El periodo medio de amor pasional puede extenderse hasta los cuatro años.

2. ¿Tiene el amor pasional fecha de caducidad?

Recapitulemos. Nos enamoramos (durante uno o dos años), consolidamos una relación basada en la pasión y el compromiso (hasta cuatro años), y luego la mayor parte de las personas tenemos la sensación de que la relación se “enfría”. ¿Y esto por qué? Principalmente porque tras cuatro años de relación desaparece cualquier rastro químico o neuronal de amor romántico.

Estudiando las tasas de divorcios varios investigadores han reparado que el 50% de las parejas se rompen poco después de celebrar su cuarto aniversario. Con estos números bajo el brazo el amor romántico parece tener fecha de caducidad.  Los científicos encontrado una excusa biológica, y es que son cuatro años los que necesitamos para que nuestros bebés sean autosuficientes.

La ausencia de algún tipo de química del amor se traduce en una disminución de la pasión e intimidad y la relación pende del hilo del compromiso. La pareja entra en un periodo crítico. En esta tercera etapa la relación puede convertirse en amistad (lo que conoce como “amor vacío”) o que ambos sigan “enamorados” como el primer día (algo que bioquímica y neuronalmente no es posible. Entendámoslo como una forma de hablar). Según el investigador norteamericano Art Aron el 70% de las relaciones de se convierten en amistad mientras que el 12,5% de las parejas siguen enamoradas como el primer día.

1. ¿Cómo seguir enamorado como el primer día de tu pareja tras haber celebrado las bodas de plata?

Responder a esta pregunta supondría tener en nuestras manos el Santo Grial de las relaciones o el amor verdadero de las películas de Disney. Cuando los científicos hemos estudiado a las parejas que tras celebrar sus bodas de plata, oro o platino estan tan enamorados como el primer día, nos hemos encontrado a personas que destacan por su generosidad, hombres y mujeres muy sociables que tienden a ver la cara buena de las cosas y disfrutan compartiendo con los demás.

Neuroamor

Los seres humanos somos uno de los pocos seres vivos que ponemos patas arriba la casa buscando unas gafas que llevamos puestas, pagamos 6 meses de gimnasio de golpe o nos felicitamos el año hasta el mes de febrero. En este camino del neuroamor me he hecho muchas preguntas y encontrado respuestas. ¿Es posible tener una relación a distancia? ¿Afecta de igual manera una relación a 10.000 km al cerebro y a las hormonas? ¿Es el amor algo realmente universal? ¿Por qué los hombres se enamoran con más facilidad que las mujeres? o ¿Cómo es es que ver películas de amor con tu pareja reduce la tasa de divorcio?

Compartiré en breve estas y otras tonterías que se me pasan por la cabeza. Aprovechando las fechas me gustaría desearles a todos aquellos que aumentan sus dioptrias leyendo mis artículos (sólo a ellos): ¡Feliz año nuevo!

Bibliografía

Zak, P.J., et al., Testosterone Administration Decreases Generosity in the Ultimatum Game. PLOS ONE, 2009. 4(12): p. e8330.

de Boer, A., E.M. van Buel, and G.J. ter Horst, Love is more tha hust a kiss: a neurobiological perspective on love and affection. Neuroscience, 2012. 201: p. 114–124.

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Fisher, H., Lust, attraction, and attachment in mammalian reproduction. Hum Nat 1998. 9: p. 23–52.

Rial, A., Repensar el cerebro. Sin fronteras. Cátedra de divulgación científica. 2016, Velencia: Universidad de Valencia.

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