Yaiza Leal me invitó a colaborar en su proyecto “Mentes curiosas” hace unas semanas. En medio de la entrevista, me vi tratando de convertir el presente en algo correcto y apropiado, me vi tratando de responder a las preguntas de Yaiza queriendo impactar y gustar. Al darme cuenta, automáticamente dejé de buscar respuestas acertadas. Creemos que si hacemos esto todo será un auténtico desastre, pero es mentira: el presente tiene sus propias respuestas y… ¡son increíbles!

El presente es aquello que pasa desapercibido entre que llevamos los niños al colegio y pensamos que vamos a hacer de cenar, es aquello que pasa desapercibido entre que escuchamos una pregunta y buscamos la mejor forma de contestar.

Puede sonar muy espiritual, pero es ciencia en estado puro. Las personas funcionamos con imágenes mentales constantemente. Imagina que estás en tu primer día de trabajo. Llegas a la oficina y te llueve de golpe un aluvión de información: nombres, lugares, claves, personas, programas… Lo más probable es que lleguemos a casa con la cabeza como un bombo, como si nos hubiera pasado un camión por encima; necesitamos unas semanas de adaptación para acostumbramos al nuevo trabajo. ¿Y en qué cosiste esa adaptación? Adaptarse consiste en crear asociaciones, en conectar imágenes mentales y, para crear imágenes mentales, tenemos que prestar atención a las cosas. “Fulanita se encarga del marketing” o “este software sirve para hacer pedidos”. “Software” es una imagen mental que representa a un programa de ordenador concebido para llevar a cabo una tarea concreta, y a él le asociamos una idea “hacer pedidos”. Aunque también sirva para llevar la contabilidad o para enviar a un cohete a la luna, para nosotros únicamente servirá para hacer pedidos.

Una vez que nos hemos adaptado, dejamos de ver las cosas como son y de hacer caso a los detalles. Al utilizar imágenes mentales para sustituir la realidad reducimos el consumo energético, y esto es lo que hace que después de dos o tres semanas no lleguemos tan cansados del trabajo a casa. ¡Es increíble! ¡Nos hemos adaptado!… y al mismo tiempo hemos convertido el trabajo en una imagen mental. En este punto es cuando la novedad desaparece.

Lo que ocurre a nivel neuronal es muy interesante. Una vez la adaptación ha tenido lugar, nuestra percepción individual de la realidad deja de construirse con la información que nos llega del exterior y pasa a ser controlada por las imágenes mentales. A partir de ese momento, vivimos desconectados del mundo, y la vida pasa a ser una sucesión de imágenes mentales donde el presente pasa desapercibido. Cada vez que usamos una imagen mental el cerebro discrimina el 99,8% de la realidad. Estamos en el mundo de nuestras ideas. Cuando tomas consciencia de esto, te abres a que el presente hable por ti. ¿Y esto que significa? ¿Empezar a decir frases del Dalay Lama? No. Significa ver las cosas de una forma que nunca antes la habías visto, sin protección, sin imágenes mentales, significa dejar de buscar la mejor respuesta. En resumidas cuentas, vivir el presente significa ser tu mismo.

El presente tiene sus propias respuestas… ¡Y son increíbles! Siempre nos sorprenden porque, como no tratan de impresionar a nadie, son originales, ellas mismas y tienen la capacidad de transformar el mundo que vemos.

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